Una invitación a tanto obrero urbano que, sentado frente al PC, quiere un rato para relajarse y de paso, rebelarse pasivamente contra el sistema. Algo así como Ghandi pero con más pelo.
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Jueves, 29 de diciembre de 2005
Estaba sentado frente al pesebre meditando, cuando recordé un milagro que esa guaguita de yeso haría 30 años más tarde: convertir el agua en vino en pleno carrete de unos amigos. Fue tal el afecto que me despertó un Dios tan paleta, que fui a buscar una copa para brindar por su cumpleaños. Y brindé, y brindé y brindé...
La cosa es que recién hoy me vengo recuperando de la caña de Navidad, una tradición venerable que respeto desde siempre, y que tengo tan arraigada como la curadera del Año Nuevo, el asado de Semana Santa, y la orgía etílica para conmemorar la Batalla de Chacabuco.
Meditando sobre estas intemperancias históricas, y también como homenaje a que anoche nos mandamos flor de tomatera con mi nueva partner etílica Leonor, es que decidí compartir con ustedes mi propio milagro navideño, con un fuerte olor a copete. Vamos allá.
Corría diciembre de 1993 y corrían también generosas las botellas de la nochebuena. Yo, sentado en la cuneta de alguna calle perdida en Viña, esperaba el amanecer al amor de unas cuantas botellas de cerveza, un par de cajas de vino, varias docenas de cigarrillos y ah, mis compañeros de juerga, escolares tan comprometidos con el espíritu navideño como yo.
Recuerdo que, como a las cinco de la mañana, teníamos una acalorada discusión respecto al tema: "Marcelo Salas ¿nuevo prodigio o lauchero?" yo tenía la palabra y decía más o menos los siguiente: "lo gue basa es quese hueon e' un lauchedo'e mierrda (hic)". De repente, una patrulla de carabineros se planta con la baliza girando furiosa en el techo, pero en silencio.
La encerrona nos pilló tan de sorpresa que no hubo tiempo para ocultar botellas, ni vaciar envases. Ni siquiera alcanzamos a sentar decentemente a Huichalaf, un compañero que había sucumbido dos horas antes a los soporiferos encantos de la uva fermentada.
La patrulla se quedó tan inmóvil como nosotros durante varios segundos. Y yo ya estaba resignado a regalarle a mi madre un tour a la comisaría de Viña ese 25 de diciembre, para sacar a su hijo menor. Todos mirábamos perplejos el estático vehículo hasta que un click nos anunció que una puerta se abría...
...
vimos un bototo
una cabeza con pelo al rape
la cabeza se pone una gorra verde
vemos una cara roja
unos ojos extraviados
El paco con media camisa abierta, se acercó a tropezones sonriendo con esa simpatía ajena que da la ebriedad. Nos miro de hipo en hipo y balbuceó: "tienem zigadillos shiqullos?". Dos carabineros más nos miraban desde la patrulla, tanto o más curados que nuestro interlocutor.
Les dimos 3 cigarrillos y el paco los recibió, nos agradeció con su aliento fétido y se volvió tambaleante a la patrulla, como si no hubiera visto nuestra evidente ebriedad y nuestra aún más evidente minoría de edad. La patrulla se alejó con su baliza silenciosa, iluminando las casas cómplices de este pequeño y etílico milagro navideño.

Salud ! y Nos vemos el próximo año.
Por: Malaquias Valderrama | General | Comentarios (0) | Referencias (0)